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Innovación y colaboración: cómo el INTA acelera el ingreso de tecnología al campo

Con un enfoque territorial y colaborativo, el INTA está consolidando un modelo de innovación basado en redes que conectan actores públicos y privados.

Innovación y colaboración: cómo el INTA acelera el ingreso de tecnología al campo

Con un enfoque territorial y colaborativo, el INTA está consolidando un modelo de innovación basado en redes que conectan actores públicos y privados.

Este esquema reduce la brecha entre las demandas reales del sector productivo y la investigación, impulsando la transferencia de tecnología al campo.

Durante las últimas décadas, esta estrategia rindió frutos palpables: en Córdoba, los rendimientos de maní se duplicaron, pasando de 2.000 a más de 4.000 kg/ha gracias al trabajo conjunto con empresas como AGD.

Juan Cruz Molina Hafford, director del Centro Regional Córdoba del INTA, lo resume así: “Trabajamos con un modelo interactivo que nos permite vincularnos con empresas de todos los tamaños. El INTA es una institución de servicio, canalizado a través de convenios de colaboración técnica”.

El vínculo público-privado —que define al INTA como “una empresa del Estado”— ha sido clave para transformar la energía del conocimiento en soluciones concretas.

El ejemplo más notable se centra en la recuperación del maní en la región: en los años ’80, enfermedades del suelo como Sclerotium y Fusarium casi destruyen los cultivos. Mediante estudios, ensayos en lotes (incluido uno en el campo de Edilberto Vissio) y ajustes en el manejo del suelo —como rotaciones prolongadas y labranza mínima—, se desarrollaron tecnologías accesibles y sostenibles.

Gracias a estas mejoras, AGD incorporó nuevos cultivares, como ASEM 400 y ASEM 450 (tolerantes a Sclerotinia) y ASEM 353 (ciclo corto y alto oleico), logrando avances destacados en áreas del este argentino.

El INTA potencia estos desarrollos con un lote demostrativo en Manfredi de unas 40 ha, utilizado durante cuatro años para cruzamientos y evaluaciones de nuevas tecnologías.

También destacan los avances en mecanización: junto a Mario Bragachini, se optimizaron equipos de siembra, arrancado y trilla del maní, adaptando los procesos a las condiciones técnicas y climáticas locales.

Otro hito fue la investigación comparativa de las condiciones abióticas entre EE. UU. y Argentina, realizada por Juan Dardanelli desde 1998. Con base en esa información, AGD adoptó sistemas de arrancado profesional y optimizó la madurez de las cajas, prolongando el ciclo de cosecha de 150 a 170–180 días. El resultado: rindes de hasta 8.000 kg/ha.

Para Carlos Alberto Marescalchi, gerente de Producción Agropecuaria de AGD, “esto no fue casualidad, es fruto de una gestión público-privada bien ejecutada”.

Finalmente, la importancia del maní trasciende el campo: es un motor económico que crea valor y empleo desde la producción hasta la exportación. Asegura Marescalchi: “Para que siga siendo rentable, hay que sumar conocimiento, romper paradigmas y mejorar costos”.

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